FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - CICLO A

Primera lectura: Isaías 42, 1- 4. 6 -7; Salmo 28, 1a. 2. 3c - 4. 3b. 9b - 10; Segunda lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34 - 38; Evangelio: Mateo 3, 13 - 17.




Celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Señor, con la cual la Iglesia clausura solemnemente el tiempo de Navidad. No es un cierre cualquiera, sino un cierre lleno de luz, porque lo que se nos regala en esta fiesta es una manifestación: Jesús se revela públicamente como el Hijo amado del Padre y, al mismo tiempo, se nos revela quiénes somos nosotros a partir de Él.

La oración sobre las ofrendas nos da una clave preciosa para comprender esta celebración cuando decimos: «Recibe, Señor, los dones en este día en que manifestaste a tu Hijo predilecto». No se trata solo de recordar un hecho del pasado, sino de entrar en el misterio de un Dios que se manifiesta. En el Jordán, Jesucristo no aparece únicamente como un hombre más entre los hombres, sino como Dios hecho hombre, solidario con sus hermanos, pero distinto en su origen y en su identidad más profunda. Jesús desciende a las aguas no porque necesite conversión, sino para santificar las aguas y abrir un camino nuevo para todos nosotros.

En este acontecimiento se nos revela también el gran misterio de la filiación. Jesucristo es Hijo por naturaleza; nosotros, hijos por adopción. Y esto no es un detalle menor. Nuestra filiación bautismal solo tiene sentido porque Cristo es el Hijo eterno del Padre. Si Él no fuera verdaderamente Hijo, nuestra condición de hijos sería una ilusión. Pero no lo es. El Evangelio lo proclama con claridad cuando escuchamos la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». Esa voz no solo define quién es Jesús, sino que funda nuestra identidad cristiana.

Por el Bautismo, nosotros somos introducidos en esta relación filial. No somos simplemente personas religiosas, ni creyentes genéricos, ni simpatizantes del Evangelio. Somos hijos en el Hijo. Y esto lo recordamos de manera muy concreta en la oración después de la comunión, cuando pedimos al Señor que, «escuchando fielmente a tu Unigénito, de verdad nos llamemos y seamos hijos tuyos». Aquí hay una expresión muy fuerte: no basta con llamarnos hijos; estamos llamados a serlo realmente.

Ser hijos no es solo un título bonito, es una forma de vida. Implica una transformación profunda. Ser hijos en el Hijo significa configurarnos con Cristo, pensar como Él, amar como Él, actuar como Él. En términos clásicos, significa llegar a ser un alter Christus, otro Cristo en medio del mundo. Por eso el cristianismo no puede reducirse a un conjunto de normas externas o a una fe vivida solo en lo íntimo. El Bautismo nos compromete con una manera concreta de vivir.

Las lecturas de hoy nos muestran con claridad que Cristo actúa de un modo distinto a quienes no conocen a Dios. Él no se impone por la fuerza, no busca su propia gloria, no actúa según la lógica del poder o del éxito humano. Su modo de obrar es el de la obediencia al Padre, el servicio silencioso, la fidelidad a la verdad, incluso cuando eso significa ir contracorriente. Y si nosotros hemos sido bautizados en Cristo, no podemos vivir como si no lo conociéramos.

El cristiano no puede comportarse como alguien que no posee a Cristo. No puede asumir sin más los criterios del mundo, ni justificar actitudes que contradicen el Evangelio. Al contrario, está llamado a dejar que la gracia bautismal se traduzca en decisiones concretas: en la forma de tratar a los demás, de afrontar las dificultades, de buscar la justicia, de vivir la caridad y de hacer la voluntad de Dios incluso cuando cuesta.

Así, viviendo de este modo, llegamos a realizar lo que hoy celebramos: ser verdaderamente hijos en el Hijo. No por mérito propio, sino por gracia; no por apariencia, sino por coherencia de vida. Que esta fiesta del Bautismo del Señor renueve en nosotros la conciencia de lo que somos y nos impulse a vivir como lo que verdaderamente somos: hijos amados del Padre, configurados con Cristo y guiados por el Espíritu.

Buen domingo en la presencia del Señor. 

P. Martín

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL TIEMPO ORDINARIO

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA