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Mostrando entradas de febrero, 2026

II DOMINGO DE CUARESMA - CICLO A

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Primera lectura: Génesis 12, 1-4a; Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 (R.: 22); Segunda lectura: 2 Timoteo 1, 8b-10; Evangelio: Mateo 17, 1-9. Nos encontramos en el segundo domingo de Cuaresma del ciclo A, un tiempo profundamente pedagógico en la vida espiritual, donde la Iglesia nos conduce de la mano hacia el misterio pascual. Las lecturas de hoy nos sitúan en una dinámica muy clara: escuchar, obedecer y contemplar la gloria de Dios. La oración colecta ya nos da la clave espiritual de este domingo. En ella se manifiesta que escuchar al Hijo no es solo un acto exterior, sino un verdadero alimento interior. Escuchar su Palabra purifica el corazón y, al mismo tiempo, limpia nuestra mirada para poder contemplar su gloria. No se trata solo de oír, sino de dejarnos transformar por la Palabra, de tal modo que nuestra vida se vaya configurando con Cristo. La escucha auténtica siempre conduce a la contemplación. En la primera lectura se nos presenta la figura de Abraham, paradigma de la obediencia...

I DOMINGO DE CUARESMA - CICLO A

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Primera lectura: Génesis 2, 7-9; 3, 1-7; Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a); Segunda lectura: Romanos 5, 12-19; Evangelio: Mateo 4, 1-11. Hermanos, al iniciar este itinerario cuaresmal, como nos hace rezar la oración colecta, la Iglesia nos introduce en un tiempo de lucha espiritual, de conversión sincera y de fidelidad renovada a la voluntad de Dios. La Cuaresma es un camino de combate interior, donde se pone a prueba nuestra obediencia frente a la tentación constante de la desobediencia. La primera lectura nos presenta el drama de los orígenes: Adán y Eva comen del fruto que Dios había prohibido. No es solo un acto externo, sino una ruptura interior. El Catecismo enseña que el hombre «se prefirió a sí mismo en lugar de Dios» (Catecismo 398), y por ello despreció su condición de criatura. Como consecuencia, la semejanza con Dios quedó herida (cf. Catecismo 399), se rompió la armonía con Dios, consigo mismo y con la creación. Desde entonces, el corazón humano queda inclin...

CUARESMA

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Historia de la Cuaresma (desarrollo histórico desde los primeros siglos) La historia de la Cuaresma hunde sus raíces en la praxis penitencial y pascual de la Iglesia primitiva, mucho antes de que existiera una estructuración uniforme del año litúrgico. En los primeros siglos, el centro absoluto de la vida litúrgica era la Pascua, y la preparación para ella se vivía principalmente mediante el ayuno y la oración. Testimonios muy antiguos, como la Didaché y algunos escritos patrísticos, sugieren que los cristianos practicaban ayunos vinculados al misterio de la Pasión del Señor, especialmente en los días previos a la Pascua. Asimismo, san Ireneo de Lyon (siglo II), en una carta citada por Eusebio de Cesarea, señala que existían diversas costumbres respecto al ayuno pascual: algunos ayunaban uno o dos días, otros varios más, lo que evidencia que aún no existía una duración universalmente establecida, pero sí una conciencia clara de la necesidad de una preparación penitencial antes de la Pa...

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

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Primera lectura: Eclesiástico 15, 16-21; Salmo 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: 1b); Segunda lectura: 1Corintios 2, 6-10; Evangelio: Mateo 5, 17-37. En este domingo el tema central podría formularse así: vivir recta y sencillamente de corazón para que Dios habite en nosotros y nos comunique su sabiduría y su vida eterna. La oración colecta apunta directo al corazón. No es un pedido genérico, es una súplica concreta: que vivamos de tal manera que Dios se digne habitar en nosotros. Y esto se entiende inmediatamente por lo que se dice antes: Dios promete permanecer en los rectos y sencillos de corazón. Es decir, no se trata solo de “portarnos bien”, sino de tener un corazón sin doblez, sin máscara, sin segundas intenciones; un corazón humilde, transparente, capaz de dejarse mirar por Dios. Por eso, cuando pedimos que Él habite en nosotros, en realidad estamos pidiendo la gracia de ser “casa” digna: rectitud y sencillez que no nacen de puro esfuerzo humano, sino del don de Dios. En esa mis...

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 58, 7-10; Salmo 111, 4-5. 6-7. 8a y 9 (R.: 4a); Segunda lectura: 1 Corintios 2, 1-5; Evangelio: Mateo 5, 13-16. En este quinto domingo del tiempo ordinario, la liturgia nos conduce con mucha claridad a una experiencia central de la fe cristiana: vivimos sostenidos por la gracia de Dios, una gracia que protege, fortalece y, al mismo tiempo, nos impulsa a ser luz para los demás a través de obras concretas. La oración colecta nos sitúa desde el inicio en esta clave de confianza cuando pedimos: «Protege, Señor, con amor continuo a tu familia, para que, al apoyarse en la sola esperanza de tu gracia celestial, se sienta siempre fortalecida con tu protección». No es una simple invocación piadosa. Es una profesión de fe. Reconocemos que somos familia de Dios y que nuestra seguridad no está en nuestras fuerzas, ni en estrategias humanas, sino en la esperanza que brota de su gracia. Esa gracia no solo nos cuida, sino que nos fortalece interiormente, nos da firmeza para ca...