I DOMINGO DE CUARESMA - CICLO A
Primera lectura: Génesis 2, 7-9; 3, 1-7; Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a); Segunda lectura: Romanos 5, 12-19; Evangelio: Mateo 4, 1-11.
Hermanos, al iniciar este itinerario cuaresmal, como nos hace rezar la oración colecta, la Iglesia nos introduce en un tiempo de lucha espiritual, de conversión sincera y de fidelidad renovada a la voluntad de Dios. La Cuaresma es un camino de combate interior, donde se pone a prueba nuestra obediencia frente a la tentación constante de la desobediencia.
La primera lectura nos presenta el drama de los orígenes: Adán y Eva comen del fruto que Dios había prohibido. No es solo un acto externo, sino una ruptura interior. El Catecismo enseña que el hombre «se prefirió a sí mismo en lugar de Dios» (Catecismo 398), y por ello despreció su condición de criatura. Como consecuencia, la semejanza con Dios quedó herida (cf. Catecismo 399), se rompió la armonía con Dios, consigo mismo y con la creación. Desde entonces, el corazón humano queda inclinado a elegirse a sí mismo antes que a Dios.
San Pablo, en la segunda lectura, nos ofrece la clave de la esperanza: «por la desobediencia de un solo hombre entró el pecado en el mundo», pero por la obediencia de uno solo, Cristo, todos son constituidos justos. Jesús es el nuevo Adán, cuya obediencia restaura lo que la desobediencia había dañado.
En el Evangelio contemplamos a Cristo en el desierto, lugar de lucha. El maligno le plantea tres tentaciones muy concretas y actuales: «di que estas piedras se conviertan en panes» (Mt 4,3), apelando a lo material; «tírate abajo» (Mt 4,6), tentando a la temeridad y a poner a prueba a Dios; y «todo esto te daré si te postras y me adoras» (Mt 4,9), la tentación del poder y la gloria sin la cruz. Frente a cada tentación, el Señor responde con la Palabra: «No sólo de pan vive el hombre» (Dt 8,3), «No tentarás al Señor, tu Dios» (Dt 6,16) y «Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto» (Dt 6,13).
También nosotros, en este desierto cuaresmal, somos tentados a vivir en el egoísmo, la autosuficiencia y la indiferencia. Por eso necesitamos de Dios y de su Palabra para sostener la lucha interior, permanecer fieles y, sostenidos por su gracia y su misericordia, llegar verdaderamente renovados a la Pascua.
Buen domingo en la presencia del Señor.
P. Martín
P.d. Dejo una reflexión anterior que puede ayudar.

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