DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
Primera lectura: Ez 18, 25-28; Salmo: Sal 24, 4-5.6-7.8-9; Segunda lectura: Flp 2, 1-11; Evangelio: Mt 21, 28-32. Si alguna vez nos preguntamos en serio por nuestra salvación, la Palabra de Dios de este domingo nos responde con mucha claridad. Ezequiel nos recuerda que no basta haber vivido bien alguna vez: el inocente que se aparta del bien y comete la maldad muere. Y no pensemos solamente en una muerte física. El pecado va apagando la vida de Dios en nosotros, endurece el corazón y termina por alejarnos de Él. Pero también sucede lo contrario: cuando el malvado cambia de vida, «practica el derecho y la justicia», salva su vida. Dios siempre deja abierta la puerta para volver a empezar. A veces somos nosotros quienes nos quejamos de Dios: «No es justo el proceder del Señor». Nos cuesta aceptar su voluntad, lo que nos pide o lo que espera de nosotros. Sin embargo, la pregunta debería ser otra: ¿no será nuestro proceder el que necesita cambiar? Cuando ponemos el corazón en la maldad, no...