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II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 49, 3. 5 - 6; Salmo 39,2. 4ab. 7-8a. 8b-9.10; Segunda lectura: 1 Corintios, 1, 1 - 3; Evangelio: Juan 1, 29 - 34. La liturgia de este segundo domingo del Tiempo Ordinario nos sitúa, desde la oración colecta, en una confesión de fe fundamental: Dios gobierna a un tiempo el cielo y la tierra. No hay ámbito de la realidad que quede fuera de su señorío. La historia, la creación, la Iglesia y nuestra vida personal están bajo su gobierno amoroso. Y, precisamente dentro de ese reconocimiento, la Iglesia eleva una súplica doble y profundamente humana: que Dios escuche compasivamente la oración de su pueblo y que conceda la paz a nuestros días. No pedimos desde el miedo, sino desde la confianza; no reclamamos control, sino escucha; no exigimos éxito, sino paz, esa paz que solo Dios puede dar y que ordena el corazón y la convivencia. La primera lectura, tomada del Libro de Isaías, nos introduce en el segundo canto del Siervo del Señor. El Siervo es identificado, en primer...

EL TIEMPO ORDINARIO

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El Tiempo Ordinario en el año litúrgico: tiempo para conocer y seguir a Cristo Dentro del año litúrgico, el llamado Tiempo Ordinario ocupa un lugar particular y, a veces, poco comprendido. No se trata de un tiempo secundario ni de menor densidad espiritual, sino de un período fundamental para la vida cristiana, en el que la Iglesia acompaña a los fieles en el seguimiento cotidiano de Jesucristo. Es bueno recordar que antes de la reforma del año litúrgico promovida por el Concilio Vaticano II, la estructura del calendario hablaba de un tiempo después de Epifanía y de un tiempo después de Pentecostés. Ambos períodos estaban marcados por una cierta continuidad temática, pero carecían de una unidad clara. Con la reforma litúrgica, estos tiempos fueron integrados bajo una sola denominación: Tiempo Ordinario, con el fin de resaltar su carácter unitario y su significado teológico propio. Según las Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario, el Tiempo Ordinario se divide en dos ...

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 42, 1- 4. 6 -7; Salmo 28, 1a. 2. 3c - 4. 3b. 9b - 10; Segunda lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34 - 38; Evangelio: Mateo 3, 13 - 17. Celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Señor, con la cual la Iglesia clausura solemnemente el tiempo de Navidad. No es un cierre cualquiera, sino un cierre lleno de luz, porque lo que se nos regala en esta fiesta es una manifestación: Jesús se revela públicamente como el Hijo amado del Padre y, al mismo tiempo, se nos revela quiénes somos nosotros a partir de Él. La oración sobre las ofrendas nos da una clave preciosa para comprender esta celebración cuando decimos: «Recibe, Señor, los dones en este día en que manifestaste a tu Hijo predilecto». No se trata solo de recordar un hecho del pasado, sino de entrar en el misterio de un Dios que se manifiesta. En el Jordán, Jesucristo no aparece únicamente como un hombre más entre los hombres, sino como Dios hecho hombre, solidario con sus hermanos, pero distinto en su origen y en ...

EPIFANÍA DEL SEÑOR - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 60, 1-6; Salmo 71, 2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf. 11); Segunda lectura: Efesios 3, 2-3a. 5-6; Evangelio: Mateo 2, 1-12. En muchos lugares la Epifanía se celebra el 6 de enero, pero en el Perú, por razones pastorales, la celebramos el domingo anterior. No es solo un cambio de fecha: es una oportunidad providencial para que toda la comunidad participe de este misterio. Hoy, en este día, celebramos la Epifanía del Señor. La oración colecta nos da la clave de lectura de toda la solemnidad: «Oh Dios, que en este día revelaste a tu Unigénito a los pueblos gentiles». No dice recordaste ni conmemoraste, sino revelaste en este día. La liturgia no nos pone frente a un hecho del pasado, sino que nos introduce, de modo misterioso pero real, en el acontecimiento mismo. Hoy somos testigos de la revelación. Hoy, el Señor vuelve a manifestarse. Y esa revelación no es privada ni exclusiva. Es una revelación abierta, universal, destinada a todos los pueblos. Cristo no pertenece a ...

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA - CICLO A

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Primera lectura: Eclesiástico 3, 2 - 6. 12 - 14; Salmo 127, 1bc - 2.3.4-5; Segunda lectura: Colosenses 3, 12 - 21; Evangelio: Mateo 2, 13 - 15. 19 - 23. A la luz de los textos de la Misa del Domingo de la Sagrada Familia, ciclo A, la liturgia nos invita a mirar el hogar de Nazaret no como una imagen idealizada e inalcanzable, sino como un camino concreto de fe, amor y sacrificio, vivido en medio de las dificultades de la vida cotidiana. La oración colecta pone desde el inicio el acento en un aspecto fundamental: Dios nos propone a la Sagrada Familia como ejemplo de las virtudes domésticas y de la unión en el amor. No se trata solo de una convivencia ordenada, sino de una comunión profunda que nace del amor verdadero. Hoy constatamos con preocupación que en muchos hogares se ha debilitado la transmisión de las virtudes básicas: el respeto, la paciencia, la responsabilidad, el perdón. A veces hay familias que permanecen unidas solo por obligación, por conveniencia o por miedo a la ruptur...

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 7, 10 - 14; Salmo 23, 1b - 2.3 - 4ab. 5-6; Segunda lectura: Romanos 1, 1 - 7; Evangelio: Mateo 1, 18 - 24. El cuarto domingo de Adviento nos sitúa ya en el umbral del misterio que celebramos: la Encarnación del Hijo de Dios. La liturgia concentra nuestra atención en el acontecimiento decisivo de la historia de la salvación: Dios no permanece distante, sino que entra en nuestro tiempo, asume nuestra carne y habita entre nosotros. Por eso, la oración colecta de este domingo marca la ruta: pedimos al Padre que, así como hemos conocido el anuncio del ángel sobre la Encarnación de su Hijo, podamos llegar, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. La liturgia une inseparablemente el misterio de la Encarnación con el misterio pascual: el Niño que nace es el mismo que entregará su vida por la salvación del mundo. La Encarnación no es un simple recuerdo piadoso, sino el corazón de la fe cristiana. En ella se revela un Dios que actúa, que toma la iniciativa...

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 35, 1-6a. 10; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (R.: cf. Is 35, 4); Segunda lectura: Santiago 5, 7-10; Evangelio: Mateo 11, 2-1. Con el tercer domingo de Adviento, tradicionalmente llamado Gaudete, la liturgia introduce una nota particular de alegría en el camino hacia la Navidad. No se trata de un gozo superficial o anticipado, sino de la alegría profunda que nace de la certeza de que el Señor está cerca y de que su salvación ya está en acción. Así lo expresa la oración colecta, cuando pedimos llegar “con alegría” al acontecimiento de la salvación. La Iglesia no pide solo llegar cronológicamente a la Navidad, sino llegar interiormente preparados, con un corazón disponible para reconocer la acción salvadora de Dios en la historia. La primera lectura, tomada del profeta Isaías (35, 1-6.10), pertenece a un contexto de prueba y desolación para el pueblo. El profeta anuncia un futuro nuevo, marcado por la intervención directa de Dios: el desierto florece, los débiles recob...

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 11, 1-10; Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17 (R.: cf. 7); Segunda lectura: Romanos  15, 4-9; Evangelio: Mateo 3, 1-12. En este segundo domingo de Adviento la liturgia nos regala una súplica que debería acompañarnos durante estos días: pedimos a Dios que «los afanes terrenales no nos impidan salir al encuentro de su Hijo que viene». Es una oración breve, pero muy profunda. Nos recuerda que podemos llenarnos de tantas cosas, de tantas urgencias, de tantas preocupaciones, que lo verdaderamente importante termina quedando al margen. Y la oración después de la comunión completa esta idea cuando pedimos que el sacramento recibido nos enseñe a «sopesar la sabiduría de los bienes de la tierra y amar intensamente los del cielo». No se trata de despreciar lo terrenal, sino de aprender, con sabiduría, a darle a cada cosa su lugar. El Adviento es tiempo de ordenar la casa del corazón: saber qué sirve y qué estorba, qué enriquece y qué distrae, qué conduce al cielo y qué simp...

PRIMERO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías  2, 1-5; Salmo 121, 1-2. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: Cf.1); Segunda lectura: Romanos 13, 11-14a; Evangelio: Mateo 24, 37-44. Cuando comenzamos el Adviento en el ciclo A, la liturgia, con mucha sabiduría, no nos lleva primero a mirar al pesebre, sino a levantar la mirada hacia el horizonte definitivo. Es como si la Iglesia nos dijera: «Antes de recordar la primera venida, despierta tu corazón a la segunda». Y esto es profundamente pedagógico, porque el cristiano vive justamente en esta tensión: Cristo vino, Cristo viene cada día y Cristo vendrá de manera definitiva.  Las lecturas de este domingo colocan nuestra existencia en ese punto de encuentro entre la historia que sigue su curso y el día de Dios que se acerca. Isaías lo expresa con esa imagen tan audaz de un monte elevado donde Dios reúne a todos los pueblos para enseñarles sus caminos; Mateo, con la seriedad de aquel que sabe que el Señor puede llegar en cualquier momento. El Adviento empieza así, obligándo...

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO - CICLO C

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Primera lectura: 2 Samuel 5, 1-3; Salmo 121, 1-2. 4-5 (R.: cf. 1); Segunda lectura: Colosenses 1, 12-20; Evangelio: Lucas 23, 35-43. La solemnidad de Cristo Rey nos coloca, al filo del año litúrgico, ante la verdad que da sentido a toda la historia: Jesucristo es el centro, la meta y la plenitud de todas las cosas. La oración colecta nos hace contemplar esta realidad cuando proclama que Dios Padre “quiso recapitular todas las cosas en su Hijo muy amado, Rey del Universo”. No es una frase poética; es un misterio decisivo. Todo —la creación, la historia, la vida de cada ser humano— encuentra su orden definitivo sólo en Cristo. Por eso la segunda lectura afirma con solemnidad: “Todo fue creado por Él y para Él”. No somos fruto del azar; pertenecemos a un Reino cuyo Rey nos ama y nos ha comprado con su sangre. Este Rey, sin embargo, no reina según la lógica del mundo. La primera lectura del segundo libro de Samuel nos presenta la figura de David, el ungido de Dios, como un “rey pastor”. Es...