DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
Primera lectura: 1Reyes 3, 5. 7-12; Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130 (R.: 97a); Segunda lectura: Romanos 8, 28-30; Evangelio: Mateo 13, 44-52. ¿Qué valor les damos a los bienes pasajeros y qué valor les damos a los eternos? Muchas veces vivimos como si las cosas de este mundo fueran definitivas. Nos aferramos al dinero, las propiedades, el prestigio, el poder o la comodidad, y olvidamos que todo eso un día quedará atrás. Solo Dios puede enseñarnos el verdadero valor de cada cosa. Por eso, en la oración colecta pedimos: «para que, instruidos y guiados por ti, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros que podamos adherirnos ya a los eternos». Los bienes de este mundo no son malos: podemos servirnos de ellos, pero sin quedar atrapados en ellos. El problema comienza cuando lo pasajero ocupa en nuestro corazón el lugar que solo le corresponde a Dios. La oración sobre las ofrendas insiste en esa mirada trascendente: «estos santos misterios, donde tu poder actúa eficazmente...