DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A
Primera Lectura: Jeremías 20, 10-13 ; Salmo Responsorial: Salmo 68, 8-10. 14 y 17. 33-35 ; Segunda Lectura: Romanos 5, 12-15 ; Evangelio: Mateo 10, 26-33.
Las lecturas de este domingo tienen un hilo conductor muy claro: decir la verdad y permanecer fieles a Dios tiene un precio. El Evangelio no nos promete una vida sin dificultades. Al contrario, nos prepara para ellas. Pero también nos asegura que Dios nunca abandona a quienes ponen en Él su confianza.
Jeremías experimentó en carne propia lo que significa ser perseguido por anunciar la palabra de Dios. Lo más doloroso es que no eran solamente sus enemigos. Incluso sus conocidos y amigos estaban atentos a su caída. Esperaban que se equivocara para destruirlo. Eso suele pasar. Muchas veces no molesta el mal, sino la verdad. La verdad incomoda. Y cuando uno trata de vivir rectamente o de anunciar lo que Dios quiere, no siempre recibe comprensión.
Sin embargo, Jeremías no se deja vencer por el resentimiento ni por el miedo. En medio de todo puede decir: «El Señor es mi fuerte defensor». Esa es la clave. No pone su seguridad en la aprobación de los demás, sino en Dios.
Hay un detalle interesante en el texto. A Jeremías lo llamaban «Pavor-en-torno». En hebreo la expresión es Magor Missabib, que significa algo así como «terror por todas partes». Era una forma de burlarse de él y desacreditarlo. Pero el profeta no responde con insultos ni con venganza. Sabe que su causa está en manos del Señor. Cuando uno tiene la conciencia tranquila, puede dejar que sea Dios quien tenga la última palabra.
En el Evangelio, Jesús repite tres veces: «No tengan miedo». Y esto es importante. El Señor no dice que no habrá problemas. No dice que todos nos van a aplaudir. Tampoco dice que siempre seremos comprendidos. Lo que dice es: «No tengan miedo».
Porque una cosa es sufrir por hacer el mal, y otra muy distinta es sufrir por hacer el bien. El discípulo de Cristo no busca problemas, pero tampoco vende la verdad para evitar críticas. Hoy existe la tentación de callar para quedar bien con todos. Se prefiere no decir nada para evitar que nos señalen o nos ataquen. Pero un cristiano no puede vivir escondiendo el Evangelio.
Jesús llega incluso a decir: «Lo que les digo al oído, proclámenlo desde las azoteas». Es decir, la verdad no se esconde. La fe no se vive a medias. El Evangelio no se anuncia solamente cuando es fácil o cuando todos están de acuerdo.
Hay una expresión que puede ayudarnos a entender mejor el texto. Jesús habla de la «gehena». La palabra hacía referencia al valle de Hinón, un lugar conocido por los judíos y que había quedado asociado con la idolatría y con el rechazo a Dios. Por eso terminó convirtiéndose en una imagen de la condenación. En el fondo, Jesús quiere enseñarnos que hay algo peor que perder prestigio, fama o incluso la propia vida: perder a Dios. El mayor fracaso no es que los hombres nos rechacen por decir la verdad. El verdadero fracaso es renunciar a la verdad por miedo a los hombres.
La segunda lectura nos recuerda que el pecado entró en el mundo por Adán, pero la salvación vino por Jesucristo. El mal existe, el pecado existe y la muerte existe, pero la gracia de Dios es más grande. Cristo ha vencido al pecado y a la muerte, y por eso el cristiano puede vivir con esperanza.
La oración colecta nos hace pedir al Señor que nos mantenga siempre firmes en el fundamento de su amor. Porque cuando uno está apoyado en Dios, podrá ser criticado, incomprendido o incluso perseguido, pero no será derrotado.
Y esto sigue siendo actual. Hay quienes quisieran una Iglesia que no incomode, una Iglesia que calle, una Iglesia que se acomode a lo que piensa el mundo. Pero Cristo no nos mandó a agradar al mundo. Nos mandó a anunciar la verdad. Y la verdad, cuando es de Dios, no siempre gusta, pero siempre salva.
Por eso, el Señor nos repite hoy: «No tengan miedo». No tengan miedo de vivir la fe. No tengan miedo de defender la verdad. No tengan miedo de declararse cristianos. Porque al final, lo único que vale es escuchar de labios del Señor: «Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos».
Buen domingo en la presencia del Señor y feliz día a todos los papás.
P. Martín

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