XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A

Primera lectura: Éxodo 19, 2-6a ; Salmo Responsorial: Salmo 99, 2. 3. 5 ; Segunda Lectura: Romanos 5, 6-11 ; Evangelio: Mateo 9, 36—10, 8.

Misión
Si hubiera que resumir las lecturas de este domingo en una sola palabra, esa palabra sería misión. Porque desde el comienzo hasta el final aparece un Dios que llama, reconcilia y envía.

La primera lectura nos presenta a Israel como el pueblo elegido por Dios para ser «un reino de sacerdotes y una nación santa». La elección no es un privilegio para sentirse superior a los demás, sino una responsabilidad. Dios escoge a un pueblo para ponerlo al servicio de todos. Quien ha sido llamado por Dios, ha sido llamado para una misión.

San Pablo nos recuerda que esa misión nace de una experiencia previa: la de haber sido reconciliados con Dios por medio de Jesucristo. Cuando todavía éramos pecadores, el Señor salió a nuestro encuentro y nos devolvió su amistad. La vida cristiana no comienza con nuestros méritos, sino con la iniciativa amorosa de Dios. Y quien se sabe amado y salvado, descubre también que tiene algo valioso que anunciar.

En el Evangelio contemplamos a Jesús conmovido ante una multitud «extenuada y abandonada, como ovejas que no tienen pastor». La misión nace de esa mirada llena de compasión. El Señor no permanece indiferente ante el sufrimiento humano y, por eso, llama a los Doce y los envía a anunciar la cercanía del Reino, a sanar y a devolver la esperanza.

También hoy la mies es abundante y los trabajadores siguen siendo pocos. El Señor continúa llamando a sacerdotes, religiosos y religiosas, pero también a tantos laicos comprometidos que, desde su familia, su trabajo y su comunidad, hagan presente el Evangelio en medio del mundo.

Quizá, a veces, pensamos que la misión es tarea de otros. Sin embargo, por el bautismo, todos hemos sido enviados. Nadie está de más en la Iglesia. Todos tenemos algo que aportar. Y la mejor manera de agradecer todo lo que hemos recibido del Señor es compartirlo con los demás.

Porque, al final, la misión no consiste en transmitir ideas, sino en comunicar gratuitamente el amor que primero hemos recibido. Como dice Jesús: «Lo que han recibido gratis, denlo gratis».

Buen domingo en la presencia del Señor.

P. Martín 

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