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DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Amós 6, 1a. 4-7; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (R.: 1b); Segunda lectura: 1Timoteo 6, 11-16; Evangelio: Lucas 16, 19-31. Empiezo comentando que ya van 5 años de haber empezado esta aventura de escribir una reflexión sobre las oraciones y las lecturas de cada domingo. Dios sabe porqué inspiro a quienes me motivaron a escribir en el tiempo de pandemia y espero que sea siempre de ayuda para el que lo lea. La misa de este domingo nos invita a mirar la vida con los ojos de la misericordia de Dios y con la seriedad del Evangelio. La oración colecta nos hace confesar que el verdadero poder de Dios no se manifiesta en la fuerza ni en el dominio, sino en el perdón y la misericordia. Nuestro Dios es poderoso porque sabe levantar al caído, porque nunca se cansa de esperar la conversión del pecador. La primera lectura del profeta Amós nos pone en guardia: «¡Ay de los que se sienten seguros en Sión!». Es una denuncia fuerte contra los que se acomodan en sus riquezas y olvidan a los ne...

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Amós 8, 4-7; Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8; Segunda lectura: Timoteo 2, 1-8; Evangelio: Lucas 16, 1-13. Los textos de la misa de este domingo nos invita a reflexionar con profundidad sobre el sentido de nuestra vida cristiana, puesta bajo la luz de la Palabra de Dios y de su llamado a vivir en fidelidad. Comenzamos con la oración colecta, que nos recuerda el núcleo de toda la ley divina: «Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos...». Aquí encontramos el corazón del Evangelio: el amor no es un sentimiento pasajero, sino la forma concreta de vivir los mandatos de Dios. Cumplir la ley es amar; y amar a Dios necesariamente se traduce en amar al prójimo con obras de justicia, misericordia y respeto. La primera lectura nos golpea con un aviso severo del profeta Amós, que denuncia la corrupción, el abuso y la injusticia social. Dios, a través del profeta, advierte: «No olvidaré jamás ninguna de sus a...

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Sabiduría 9, 13-18; Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 (R.: 1); Segunda lectura: Filemón 9b-10. 12-17; Evangelio: Lucas 14, 25-33. Cuando abrimos la Escritura este domingo, se nos recibe con una pregunta directa y desarmante: ¿Quién puede conocer el designio de Dios? Y uno, honestamente, no tiene otra respuesta más que el silencio. Porque nuestra mirada es corta, nuestros juicios son pobres, y nuestras decisiones están muchas veces condicionadas por el miedo, por la urgencia o por la confusión. Y sin embargo, aun desde nuestra fragilidad, Dios nos llama a caminar. Nos llama a elegir. A vivir. A decidir. El libro de la Sabiduría no nos deja en la oscuridad. Reconoce que el ser humano apenas puede comprender las cosas terrenas, y aun eso con dificultad. Por eso, la verdadera sabiduría no es fruto del cálculo, sino del don. Viene de lo alto. Es el Espíritu Santo quien ilumina el corazón para que no andemos a tientas, para que no nos perdamos en la maraña de opciones que n...

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Eclesiástico 3, 17-18. 20. 28-29; Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11 (R.: cf. 11b); Segunda lectura: Hebreos 12, 18-19. 22-24a; Evangelio: Lucas 14, 1. 7-14 Una palabra que sale muy pronto en las lecturas de este domingo es humildad. En las lecturas podemos ver que es el tema transversal, sin negar de que otros temas tan importantes como este. Nos hace bien poder reflexionar cada cierto tiempo sobre la humildad para que no nos dejemos llevar por otras actitudes que las pueden desdecir. Dentro de los consejos que encontramos en la primera lectura podemos encontrar algunas consecuencias positivas de vivir en la humildad: atrae el cariño: cuando uno asume una actitud soberbia más bien empieza el rechazo. Nos alcanza el favor de Dios: es decir que la humildad nos alcanza una bendición. Nos revela los misterios más profundos: Dios no revela sus misterios a los sabios entendidos sino a la gente sencilla. La humildad lleva la sabiduría: en la línea de lo dicho anteriormente, la hu...

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Isaías 66, 18-21; Salmo 116, 1. 2 (R.: Mc 16, 15); Segunda lectura: Hebreos 12, 5-7 11-13; Evangelio: Lucas 13, 22-30. Las lecturas de este Domingo nos presentan aspectos que son sumamente importantes, pero que, para quien tiene una fe selectiva, puede ser uno de los más desagradables o menos atractivos, porque muchas veces se prefiere la comodidad antes que la exigencia. No olvidemos que para entrar en el cielo hay que hacerlo por la puerta estrecha y hay que estar en forma para poder pasar por ella.  Un primer tema que quisiera que reflexionemos es la corrección. En la sociedad de hoy parece que hay que ser muy finos para decir las cosas. Algunos se hieren fácilmente cuando alguien les pone la verdad enfrente, sobre todo cuando tienen un especial interés en aquello que no es correcto. Por muchas generaciones la corrección ha servido para encaminar a millones de personas por un camino de bien, no necesariamente de perfección, pero al menos se consiguió que se...

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Jeremías 38, 4-6. 8-10; Salmo 39, 2. 3. 4. 18 (R.: 14b); Segunda lectura: Hebreos 12, 1-4; Evangelio: Lucas 12, 49-53. Jesús no vino a darnos tranquilidad, sino verdad. Y la verdad, cuando es de Dios, nunca deja todo como estaba. Hoy, el Evangelio estalla como una bomba en nuestra espiritualidad tibia: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!» «¿Piensan que he venido a traer paz? No, sino división.» ¿Y qué hacemos con esto? ¿Cómo se predica un Jesús que dice eso? Porque no es el «Jesús buena onda», ni el «Jesús paz y amor». Es el Jesús que incomoda. El que prende fuego. El que corta. El que hiere, para sanar. El fuego del que habla Jesús no es destrucción, sino ruptura. El fuego que trae es ese momento donde la verdad se impone como un rayo en la noche. Un fuego que quema máscaras, fachadas, religiosidades cómodas. Ese fuego que nos hace decir: «ya no puedo seguir viviendo así». Jesús no quiere gente «tranquila», quiere gente que arda...

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Sabiduría 18, 6-9; Salmo 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22 (R.: 12b); Segunda lectura: Hebreos 11, 1-2. 8-19; Evangelio: Lucas 12, 32-48. En medio de tantos ruidos, inseguridades y preocupaciones de nuestro tiempo, la voz de Jesús nos llega como un susurro que calma el corazón: «No teman, rebaño pequeño, porque el Padre de ustedes ha tenido a bien darles el Reino» (Lucas 12, 32). No es un simple consejo para que estemos tranquilos; es una certeza que nace de sabernos hijos amados de Dios. No estamos solos, no somos huérfanos: hay un Padre que nos sostiene. La primera lectura (Sabiduría 18, 6-9) recuerda la noche de la liberación de Israel. Fue un momento de oscuridad y de peligro, pero la fe les mantuvo firmes: sabían que Dios era fiel a sus promesas. La Carta a los Hebreos (11, 1-2. 8-19) nos muestra a Abraham, que dejó su tierra sin saber a dónde iba, confiando en una promesa que parecía imposible. Esta es la fe que Dios espera de nosotros: caminar, incluso cuando no vemos ...

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Qohélet 1, 2; 2, 21-23; Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 (R.: 1); Segunda lectura: Colosenses 3, 1-5. 9-11; Evangelio: Lucas 12, 13-21. La liturgia de este domingo nos confronta con una de las preguntas más decisivas de la existencia: ¿para quién vivimos? Las lecturas nos invitan a reflexionar sobre el sentido del trabajo, el valor de los bienes materiales y la auténtica riqueza del corazón humano. En una sociedad marcada por el consumo y el deseo de acumular, la Palabra de Dios nos sacude con fuerza para que volvamos a lo esencial. El Eclesiastés —en hebreo Qohélet, que significa «el que convoca» o «el predicador»— es uno de los libros sapienciales más provocadores de la Escritura. El autor, escribiendo probablemente en el siglo III a.C., observa la vida con realismo casi doloroso. Su famoso lema «vanidad de vanidades», significa literalmente «vapor», «aliento fugaz», «ilusión que se disipa». El sabio no desprecia el trabajo humano, sino que denuncia el sinsentido d...

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Génesis 18, 20-32; Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8 (R.: 3a); Segunda lectura: Colosenses 2, 12-14; Evangelio: Lucas 11, 1-13. El Evangelio de este domingo nos sitúa en uno de los momentos más intensos de la relación de Jesús con sus discípulos. Uno de ellos le dice: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1). No le pide poder hacer milagros, ni sabiduría, ni autoridad: le pide aprender a estar en comunión con el Padre. Este deseo surge al ver cómo Jesús oraba, con una intimidad tan profunda, que provocaba admiración y hambre de lo mismo. Y el Señor responde con el regalo más grande: el Padre nuestro. La oración cristiana por excelencia, tan sencilla como sublime. Nos enseña no sólo qué decirle a Dios, sino cómo relacionarnos con Él: como hijos que se dirigen a un Padre. Este gesto nos conecta con la primera lectura, donde Abraham intercede por Sodoma. ¡Qué audacia la suya! ¡Qué confianza la de Abraham! Con una libertad que solo da el amor, se atreve a «negociar» con Dios....

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Génesis 18, 1-10a; Salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5 (R.: 1a); Segunda lectura: Colosenses 1, 24-28; Evangelio: Lucas 10, 38-42. Este Domingo, la Palabra de Dios nos invita a anunciar y a conocer a Jesucristo. Al final de la segunda lectura el apóstol San Pablo le dice a los colosenses que siente El deber de anunciar a Cristo, de amonestar, es decir, de decir la verdad por dolorosa que sea, enseñar con sabiduría, es decir, no dejarse llevar por lo que propone el mundo sino por de la verdad que se impone por sí misma, con el fin de presentar a todos los que han sabido acoger ese mensaje liberador como perfectos en Cristo. Pero no solo eso, también dice que en su carne completa Los sufrimientos de Cristo, que se puede entender como esa oblación que hace de sí mismo al Señor por aquellos sufrimientos que trae el no conocer la verdad. Vivir en la mentira puede hacer que caigamos en cosas tan horrendas que quiten de nosotros el rostro de Jesucristo. El anuncio de Jesucristo no e...