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PRIMERO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías  2, 1-5; Salmo 121, 1-2. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: Cf.1); Segunda lectura: Romanos 13, 11-14a; Evangelio: Mateo 24, 37-44. Cuando comenzamos el Adviento en el ciclo A, la liturgia, con mucha sabiduría, no nos lleva primero a mirar al pesebre, sino a levantar la mirada hacia el horizonte definitivo. Es como si la Iglesia nos dijera: «Antes de recordar la primera venida, despierta tu corazón a la segunda». Y esto es profundamente pedagógico, porque el cristiano vive justamente en esta tensión: Cristo vino, Cristo viene cada día y Cristo vendrá de manera definitiva.  Las lecturas de este domingo colocan nuestra existencia en ese punto de encuentro entre la historia que sigue su curso y el día de Dios que se acerca. Isaías lo expresa con esa imagen tan audaz de un monte elevado donde Dios reúne a todos los pueblos para enseñarles sus caminos; Mateo, con la seriedad de aquel que sabe que el Señor puede llegar en cualquier momento. El Adviento empieza así, obligándo...

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO - CICLO C

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Primera lectura: 2 Samuel 5, 1-3; Salmo 121, 1-2. 4-5 (R.: cf. 1); Segunda lectura: Colosenses 1, 12-20; Evangelio: Lucas 23, 35-43. La solemnidad de Cristo Rey nos coloca, al filo del año litúrgico, ante la verdad que da sentido a toda la historia: Jesucristo es el centro, la meta y la plenitud de todas las cosas. La oración colecta nos hace contemplar esta realidad cuando proclama que Dios Padre “quiso recapitular todas las cosas en su Hijo muy amado, Rey del Universo”. No es una frase poética; es un misterio decisivo. Todo —la creación, la historia, la vida de cada ser humano— encuentra su orden definitivo sólo en Cristo. Por eso la segunda lectura afirma con solemnidad: “Todo fue creado por Él y para Él”. No somos fruto del azar; pertenecemos a un Reino cuyo Rey nos ama y nos ha comprado con su sangre. Este Rey, sin embargo, no reina según la lógica del mundo. La primera lectura del segundo libro de Samuel nos presenta la figura de David, el ungido de Dios, como un “rey pastor”. Es...

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Malaquías 3, 19-20a;  Salmo responsorial: 97, 5-6. 7-9a. 9bc (R.: cf. 9); Segunda lectura: 2 Tesalonicenses 3, 7-12; Evangelio:  Lucas 21, 5-19. Hoy, al acercarnos al final del año litúrgico, la Iglesia nos invita a contemplar con seriedad y con esperanza el final de la historia y el sentido último de nuestra vida. No es un mensaje de miedo, sino de claridad espiritual. La oración colecta de la Misa ilumina este domingo con una afirmación decisiva: le pedimos a Dios que nos conceda dedicarnos plenamente a su servicio, porque servirlo es encontrar nuestra verdadera y completa felicidad. Servir es dedicarnos a Él, y dedicarnos a Él es descubrir que nada nos llena tanto como pertenecerle. La primera lectura del profeta Malaquías subraya con fuerza que existen dos maneras de situarse ante Dios: la arrogancia y la fidelidad. Por un lado, están los soberbios y malhechores, aquellos que viven como si Dios fuera prescindible. De ellos dice el Señor que serán como paja...

FIESTA DE LA DEDICACIÓN DE LA BASILICA DE SAN JUAN DE LETRAN

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Primera lectura: Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12; Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9 (R.: 5); Segunda lectura: 1Corintios 3, 9c-11. 16-17; Evangelio: Juan 2, 13-22. Hoy la Iglesia celebra la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral del Papa y madre de todas las iglesias del mundo. Fue consagrada en el siglo IV, cuando el emperador Constantino donó a la Iglesia aquel terreno para construir el primer templo público cristiano de Roma. Desde entonces, esta fiesta no se centra en un edificio concreto, sino en el misterio espiritual que encierra: Dios ha querido habitar en medio de su pueblo, y cada templo levantado en su honor recuerda esa presencia viva y cercana del Señor. Cada iglesia que se levanta sobre la tierra es un signo visible de lo invisible: un recordatorio de que Dios no está lejos, sino que ha hecho su morada entre nosotros. El templo es lugar de encuentro, de escucha y de adoración. Allí recibimos la Palabra, nos alimentamos con la Eucaristía, y encontramos consuelo e...

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Eclesiástico 35, 12-14. 16-18; Salmo 33, 3-3. 17-18. 19 y 23 (R.: 7a); Segunda lectura: 2 Timoteo 4, 6-8. 16-18; Evangelio: Lucas 18, 9-14. La Palabra de Dios hoy nos conduce al corazón mismo de la vida cristiana: la humildad. No se trata de una actitud débil o pasiva, sino de la verdad de quien se sabe criatura ante su Creador, necesitado de su gracia y sostenido por su misericordia. En la primera lectura, el libro del Eclesiástico nos dice: «La oración del humilde atraviesa las nubes, y no se detiene hasta que alcanza su destino.» Es una imagen bellísima: la súplica de quien reconoce su pequeñez tiene un camino directo al corazón de Dios. El orgulloso reza mirándose a sí mismo; el humilde ora mirando al Señor. Por eso, la oración del humilde es eficaz, porque no busca presumir, sino confiar. En la segunda lectura, san Pablo, al final de su vida, confiesa con serenidad: «El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, para que, a través de mí, se proclamara el mensaje.» P...

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Éxodo 17, 8-13; Salmo 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 2); Segunda lectura: 2Timoteo 3, 14—4, 2; Evangelio: Lucas 18, 1-8. La oración colecta que hoy decimos al iniciar la misa resume maravillosamente el mensaje de la Palabra de Dios: «Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad solícita y estable, y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón.» La liturgia nos invita hoy a mirar la voluntad fiel y el corazón sincero como actitudes necesarias para permanecer unidos a Dios en toda circunstancia. Y las tres lecturas de este domingo nos muestran que esa fidelidad se vive en la oración perseverante, en la fe que confía y en la acción que nace del amor. En la primera lectura, Moisés ora con las manos alzadas mientras Josué combate contra Amalec. Cuando Moisés se cansa, Aarón y Jur le sostienen los brazos. El pueblo vence no por la fuerza de la espada, sino por la fuerza de la intercesión. Este relato es una imagen de la Iglesia que ora: cuando el pastor eleva...

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: 2 Reyes 5, 14-17; Sal 97; Segunda lectura: 2 Timoteo 2, 8-13; Evangelio: Lucas 17, 11-19. En la oración colecta de este domingo pedimos algo que encierra toda una pedagogía espiritual: que la gracia de Dios nos preceda, nos acompañe y nos sostenga continuamente en las buenas obras. Es decir, que la gracia esté antes, durante y siempre en nuestra vida. Cuando la gracia va delante, el corazón se dispone al bien; cuando nos acompaña, fortalece nuestras decisiones; cuando nos sostiene, nos mantiene fieles hasta el final. Por eso, quien camina con Dios no puede dejar de hacer el bien: ir con Dios es obrar bien. En la primera lectura, Naaman, un hombre extranjero, poderoso y enfermo de lepra, recibe del profeta Eliseo una orden sorprendente: «Ve y lávate siete veces en el Jordán». Nada extraordinario, ningún rito solemne, solo un gesto sencillo y cotidiano. Al principio Naaman se resiste: esperaba algo más espectacular. Pero cuando obedece, la fe se hace acción, y la acción,...

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4; Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8); Segunda lectura:  Timoteo 1, 6-8. 13-14; Evangelio:  Lucas 17, 5-10. Toda la liturgia de este domingo nos invita a mirar el corazón de la vida cristiana: la fe. En la oración colecta pedimos a Dios que, por su amor y misericordia, perdone lo que nos pesa en la conciencia y también aquello de lo que ni siquiera somos conscientes. Solo la fe nos permite reconocernos necesitados de su perdón y confiados en su ternura. El profeta Habacuc nos introduce en esta experiencia: ante la violencia, la injusticia y el aparente silencio de Dios, el creyente se atreve a preguntar: «¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches?» Es el grito de quien sufre y, sin embargo, no deja de esperar. Y Dios le responde con una promesa: «El justo vivirá por su fe.» El altanero confía en sí mismo, en sus fuerzas o en su poder; el justo, en cambio, confía en Dios incluso cuando no entiende sus caminos. Esa es la fe: cree...

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Amós 6, 1a. 4-7; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (R.: 1b); Segunda lectura: 1Timoteo 6, 11-16; Evangelio: Lucas 16, 19-31. Empiezo comentando que ya van 5 años de haber empezado esta aventura de escribir una reflexión sobre las oraciones y las lecturas de cada domingo. Dios sabe porqué inspiro a quienes me motivaron a escribir en el tiempo de pandemia y espero que sea siempre de ayuda para el que lo lea. La misa de este domingo nos invita a mirar la vida con los ojos de la misericordia de Dios y con la seriedad del Evangelio. La oración colecta nos hace confesar que el verdadero poder de Dios no se manifiesta en la fuerza ni en el dominio, sino en el perdón y la misericordia. Nuestro Dios es poderoso porque sabe levantar al caído, porque nunca se cansa de esperar la conversión del pecador. La primera lectura del profeta Amós nos pone en guardia: «¡Ay de los que se sienten seguros en Sión!». Es una denuncia fuerte contra los que se acomodan en sus riquezas y olvidan a los ne...

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Amós 8, 4-7; Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8; Segunda lectura: Timoteo 2, 1-8; Evangelio: Lucas 16, 1-13. Los textos de la misa de este domingo nos invita a reflexionar con profundidad sobre el sentido de nuestra vida cristiana, puesta bajo la luz de la Palabra de Dios y de su llamado a vivir en fidelidad. Comenzamos con la oración colecta, que nos recuerda el núcleo de toda la ley divina: «Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos...». Aquí encontramos el corazón del Evangelio: el amor no es un sentimiento pasajero, sino la forma concreta de vivir los mandatos de Dios. Cumplir la ley es amar; y amar a Dios necesariamente se traduce en amar al prójimo con obras de justicia, misericordia y respeto. La primera lectura nos golpea con un aviso severo del profeta Amós, que denuncia la corrupción, el abuso y la injusticia social. Dios, a través del profeta, advierte: «No olvidaré jamás ninguna de sus a...