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FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA - CICLO A

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Primera lectura: Eclesiástico 3, 2 - 6. 12 - 14; Salmo 127, 1bc - 2.3.4-5; Segunda lectura: Colosenses 3, 12 - 21; Evangelio: Mateo 2, 13 - 15. 19 - 23. A la luz de los textos de la Misa del Domingo de la Sagrada Familia, ciclo A, la liturgia nos invita a mirar el hogar de Nazaret no como una imagen idealizada e inalcanzable, sino como un camino concreto de fe, amor y sacrificio, vivido en medio de las dificultades de la vida cotidiana. La oración colecta pone desde el inicio el acento en un aspecto fundamental: Dios nos propone a la Sagrada Familia como ejemplo de las virtudes domésticas y de la unión en el amor. No se trata solo de una convivencia ordenada, sino de una comunión profunda que nace del amor verdadero. Hoy constatamos con preocupación que en muchos hogares se ha debilitado la transmisión de las virtudes básicas: el respeto, la paciencia, la responsabilidad, el perdón. A veces hay familias que permanecen unidas solo por obligación, por conveniencia o por miedo a la ruptur...

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 7, 10 - 14; Salmo 23, 1b - 2.3 - 4ab. 5-6; Segunda lectura: Romanos 1, 1 - 7; Evangelio: Mateo 1, 18 - 24. El cuarto domingo de Adviento nos sitúa ya en el umbral del misterio que celebramos: la Encarnación del Hijo de Dios. La liturgia concentra nuestra atención en el acontecimiento decisivo de la historia de la salvación: Dios no permanece distante, sino que entra en nuestro tiempo, asume nuestra carne y habita entre nosotros. Por eso, la oración colecta de este domingo marca la ruta: pedimos al Padre que, así como hemos conocido el anuncio del ángel sobre la Encarnación de su Hijo, podamos llegar, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. La liturgia une inseparablemente el misterio de la Encarnación con el misterio pascual: el Niño que nace es el mismo que entregará su vida por la salvación del mundo. La Encarnación no es un simple recuerdo piadoso, sino el corazón de la fe cristiana. En ella se revela un Dios que actúa, que toma la iniciativa...

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 35, 1-6a. 10; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (R.: cf. Is 35, 4); Segunda lectura: Santiago 5, 7-10; Evangelio: Mateo 11, 2-1. Con el tercer domingo de Adviento, tradicionalmente llamado Gaudete, la liturgia introduce una nota particular de alegría en el camino hacia la Navidad. No se trata de un gozo superficial o anticipado, sino de la alegría profunda que nace de la certeza de que el Señor está cerca y de que su salvación ya está en acción. Así lo expresa la oración colecta, cuando pedimos llegar “con alegría” al acontecimiento de la salvación. La Iglesia no pide solo llegar cronológicamente a la Navidad, sino llegar interiormente preparados, con un corazón disponible para reconocer la acción salvadora de Dios en la historia. La primera lectura, tomada del profeta Isaías (35, 1-6.10), pertenece a un contexto de prueba y desolación para el pueblo. El profeta anuncia un futuro nuevo, marcado por la intervención directa de Dios: el desierto florece, los débiles recob...

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías 11, 1-10; Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17 (R.: cf. 7); Segunda lectura: Romanos  15, 4-9; Evangelio: Mateo 3, 1-12. En este segundo domingo de Adviento la liturgia nos regala una súplica que debería acompañarnos durante estos días: pedimos a Dios que «los afanes terrenales no nos impidan salir al encuentro de su Hijo que viene». Es una oración breve, pero muy profunda. Nos recuerda que podemos llenarnos de tantas cosas, de tantas urgencias, de tantas preocupaciones, que lo verdaderamente importante termina quedando al margen. Y la oración después de la comunión completa esta idea cuando pedimos que el sacramento recibido nos enseñe a «sopesar la sabiduría de los bienes de la tierra y amar intensamente los del cielo». No se trata de despreciar lo terrenal, sino de aprender, con sabiduría, a darle a cada cosa su lugar. El Adviento es tiempo de ordenar la casa del corazón: saber qué sirve y qué estorba, qué enriquece y qué distrae, qué conduce al cielo y qué simp...

PRIMERO DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO A

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Primera lectura: Isaías  2, 1-5; Salmo 121, 1-2. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: Cf.1); Segunda lectura: Romanos 13, 11-14a; Evangelio: Mateo 24, 37-44. Cuando comenzamos el Adviento en el ciclo A, la liturgia, con mucha sabiduría, no nos lleva primero a mirar al pesebre, sino a levantar la mirada hacia el horizonte definitivo. Es como si la Iglesia nos dijera: «Antes de recordar la primera venida, despierta tu corazón a la segunda». Y esto es profundamente pedagógico, porque el cristiano vive justamente en esta tensión: Cristo vino, Cristo viene cada día y Cristo vendrá de manera definitiva.  Las lecturas de este domingo colocan nuestra existencia en ese punto de encuentro entre la historia que sigue su curso y el día de Dios que se acerca. Isaías lo expresa con esa imagen tan audaz de un monte elevado donde Dios reúne a todos los pueblos para enseñarles sus caminos; Mateo, con la seriedad de aquel que sabe que el Señor puede llegar en cualquier momento. El Adviento empieza así, obligándo...

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO - CICLO C

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Primera lectura: 2 Samuel 5, 1-3; Salmo 121, 1-2. 4-5 (R.: cf. 1); Segunda lectura: Colosenses 1, 12-20; Evangelio: Lucas 23, 35-43. La solemnidad de Cristo Rey nos coloca, al filo del año litúrgico, ante la verdad que da sentido a toda la historia: Jesucristo es el centro, la meta y la plenitud de todas las cosas. La oración colecta nos hace contemplar esta realidad cuando proclama que Dios Padre “quiso recapitular todas las cosas en su Hijo muy amado, Rey del Universo”. No es una frase poética; es un misterio decisivo. Todo —la creación, la historia, la vida de cada ser humano— encuentra su orden definitivo sólo en Cristo. Por eso la segunda lectura afirma con solemnidad: “Todo fue creado por Él y para Él”. No somos fruto del azar; pertenecemos a un Reino cuyo Rey nos ama y nos ha comprado con su sangre. Este Rey, sin embargo, no reina según la lógica del mundo. La primera lectura del segundo libro de Samuel nos presenta la figura de David, el ungido de Dios, como un “rey pastor”. Es...

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Malaquías 3, 19-20a;  Salmo responsorial: 97, 5-6. 7-9a. 9bc (R.: cf. 9); Segunda lectura: 2 Tesalonicenses 3, 7-12; Evangelio:  Lucas 21, 5-19. Hoy, al acercarnos al final del año litúrgico, la Iglesia nos invita a contemplar con seriedad y con esperanza el final de la historia y el sentido último de nuestra vida. No es un mensaje de miedo, sino de claridad espiritual. La oración colecta de la Misa ilumina este domingo con una afirmación decisiva: le pedimos a Dios que nos conceda dedicarnos plenamente a su servicio, porque servirlo es encontrar nuestra verdadera y completa felicidad. Servir es dedicarnos a Él, y dedicarnos a Él es descubrir que nada nos llena tanto como pertenecerle. La primera lectura del profeta Malaquías subraya con fuerza que existen dos maneras de situarse ante Dios: la arrogancia y la fidelidad. Por un lado, están los soberbios y malhechores, aquellos que viven como si Dios fuera prescindible. De ellos dice el Señor que serán como paja...

FIESTA DE LA DEDICACIÓN DE LA BASILICA DE SAN JUAN DE LETRAN

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Primera lectura: Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12; Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9 (R.: 5); Segunda lectura: 1Corintios 3, 9c-11. 16-17; Evangelio: Juan 2, 13-22. Hoy la Iglesia celebra la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral del Papa y madre de todas las iglesias del mundo. Fue consagrada en el siglo IV, cuando el emperador Constantino donó a la Iglesia aquel terreno para construir el primer templo público cristiano de Roma. Desde entonces, esta fiesta no se centra en un edificio concreto, sino en el misterio espiritual que encierra: Dios ha querido habitar en medio de su pueblo, y cada templo levantado en su honor recuerda esa presencia viva y cercana del Señor. Cada iglesia que se levanta sobre la tierra es un signo visible de lo invisible: un recordatorio de que Dios no está lejos, sino que ha hecho su morada entre nosotros. El templo es lugar de encuentro, de escucha y de adoración. Allí recibimos la Palabra, nos alimentamos con la Eucaristía, y encontramos consuelo e...

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Eclesiástico 35, 12-14. 16-18; Salmo 33, 3-3. 17-18. 19 y 23 (R.: 7a); Segunda lectura: 2 Timoteo 4, 6-8. 16-18; Evangelio: Lucas 18, 9-14. La Palabra de Dios hoy nos conduce al corazón mismo de la vida cristiana: la humildad. No se trata de una actitud débil o pasiva, sino de la verdad de quien se sabe criatura ante su Creador, necesitado de su gracia y sostenido por su misericordia. En la primera lectura, el libro del Eclesiástico nos dice: «La oración del humilde atraviesa las nubes, y no se detiene hasta que alcanza su destino.» Es una imagen bellísima: la súplica de quien reconoce su pequeñez tiene un camino directo al corazón de Dios. El orgulloso reza mirándose a sí mismo; el humilde ora mirando al Señor. Por eso, la oración del humilde es eficaz, porque no busca presumir, sino confiar. En la segunda lectura, san Pablo, al final de su vida, confiesa con serenidad: «El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, para que, a través de mí, se proclamara el mensaje.» P...

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO C

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Primera lectura: Éxodo 17, 8-13; Salmo 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 2); Segunda lectura: 2Timoteo 3, 14—4, 2; Evangelio: Lucas 18, 1-8. La oración colecta que hoy decimos al iniciar la misa resume maravillosamente el mensaje de la Palabra de Dios: «Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad solícita y estable, y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón.» La liturgia nos invita hoy a mirar la voluntad fiel y el corazón sincero como actitudes necesarias para permanecer unidos a Dios en toda circunstancia. Y las tres lecturas de este domingo nos muestran que esa fidelidad se vive en la oración perseverante, en la fe que confía y en la acción que nace del amor. En la primera lectura, Moisés ora con las manos alzadas mientras Josué combate contra Amalec. Cuando Moisés se cansa, Aarón y Jur le sostienen los brazos. El pueblo vence no por la fuerza de la espada, sino por la fuerza de la intercesión. Este relato es una imagen de la Iglesia que ora: cuando el pastor eleva...